
Desde la aparición de las descargas gratuitas de canciones por internet, la industria de la música dió un cambio radical: el negocio dejó de ser la venta de discos y pasó a ser el de organizar shows y festivales. En otras palabras; si antes se hacían recitales para potenciar la venta de discos, ahora es al revés, se graban discos para hacer nuevos shows. Esto esta explicado en un excelente artículo del The Economist de hace unos meses; en el que cuentan cómo está cambiando todo y ponen como ejemplo el hecho de que una entrada para un show de The Police cuesta más cara que su discografía completa. Hace unos días, Madonna, una vanguardista por naturaleza, dió un paso adelante; dejó su discográfica - Warner - y firmó con Live Nation, una empresa que organiza giras; todo por la módica suma de 120 millones de dólares, según lo explica este artículo de El País.
Acá tenemos un ejemplo muy claro con dos "regresos" históricos: En 1992, cuando volvió Serú Girán, hicieron un disco nuevo (bastante choto, por cierto) y dos River. Seguramente las regalías por el CD habrán superado o empatado la recaudación por los conciertos. En cambio, hace unos meses, Soda Stereo planteó su regreso como una "burbuja" en el tiempo; el resultado: seis River y ningún disco nuevo, apenas un compiladito con sus éxitos.
Evidentemente hoy el negocio es otro. Por eso no se extrañen si Divididos pasa otro año sin grabar. Menos si Led Zeppelin decide extender a nuestras pampas su gira con entradas a 80 dólares de promedio. O si Radiohead se pasa años presentando por los confines del mundo el disco que nos regalaron por internet.
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