
El gran Ezequiel Fernández Moores explica en este artículo de La Nación cómo rajaron a Román Iutch de TyC Sports. Lo mismo de siempre, que Grondona esto y lo otro, pero con buena data. En este Blog estamos en contra de las cándidas críticas contra el capo de la A.F.A., pero ése es otro tema. En este otro artículo de opinión publicado en la Radar - al que suscribo plenamente -Hugo Salas carga contra los programas que nos muestran a pobres y marginales con empatía (Al gran Fabián Polosecki, salud - por haber creado este formato con la gran diferencia de que fue en plena fiesta menemista, y ¡en el canal oficial! - otro hallazgo de otro personaje vilipendiado que acá también protegemos de las críticas facilongas que le hacen: Gerardo Sofovich - salvo por los delitos que cometió como empleado público, por ejemplo el de autocontratarse).
1 comentario:
Hola, titán, me cuesta usar este espacio, todavía me parece estar esperando en el verano de 1988, sentado en la vereda de la calle Catamarca esquina Av. San Bernardo esperando al cartero....Venía en bicicleta a eso de las 11, todos los dias, yo lo veía venir y decía "ahora para, ahora para"...En otra "etiqueta" (así se dice?) ampliaré quien me escribía y que pasó con ella, pero ahora comparto con vos y tus lectores un excelente artículo sobre los periodistas, escrito por el colega Jrge Fernandez Díaz del diario La Nacion. El autor habla de nuestro oficio referenciado en la figura de un viejo periodista, Emilio Petcoff, ya fallecido, padre del homonimo que trabaja con nosotros en Telefe.
Que lo disfruten:
Petcoff era uno de los últimos representantes de una generación de
periodistas inolvidables que no pretendían hacerse ricos y que ni
siquiera soñaban con la firma ni con la fama. Sólo querían parar la
olla y hacer con arte este oficio maldito. Codiciaban, a lo sumo,
ligar algún viaje de trabajo de vez en cuando y, por supuesto,
escribir aquella novela que no escribirían nunca.
Nada sabían del marketing ni del gerenciamiento, nunca firmaron un
autógrafo ni ambicionaban una casa con pileta de natación. No conocían
ni de vista a los anunciantes y, a veces, caían en el pecado de la
fantasía. No eran perfectos, no todo tiempo pasado fue mejor. Pero
aquellos periodistas eran escritores, tenían agallas y talento, y la
humildad de los que saben que no saben. Es paradójico: ellos sabían
mucho más que nosotros, pero no pretendían opinar de todo, como
hacemos con irregular suerte.
Aquellos muchachos de antes, que leían todo, tenían la opinión
prohibida, por pudor y por prudencia. Algunos muchachos de ahora, que
saben perfecto inglés pero tienen problemas con el castellano básico,
son "todólogos" entusiastas, próceres mediáticos, salvadores de la
patria, ricos y famosos, y predicadores de cualquier cosa. Es decir,
predicadores de la nada.
Aquellos empecinados orfebres de la pluma tenían mucha calle y eran
nómades por vocación. La joven guardia, en cambio, no es nómade sino
sedentaria. No va a buscar la información, la espera para adornarla.
La preocupación consistía en haber leído a Sartre y a Camus. Hoy pasa
por tener un programa de radio o aparecer en el cable para levantar
publicidad. Antes se buscaban informantes y papeles ocultos. Hoy se
busca "temática y target ". Antes se mataba por un dato, hoy se mata
por un aviso.
Aquellos parecían heridos existenciales, mezcla lunática de artistas
irresponsables y servidores públicos, y, como muchos poetas
trasnochados, derivaban melancólicamente hacia el alcohol. Estos son
vulnerables al elogio y proclives al lobby , juegan al golf, viven en
countries y aparecen tostaditos y pasteurizados en las vidrieras de
las celebridades.
Viene ahora la advertencia de rigor: esta profesión tenía antes y
tiene ahora la misma cantidad de canallas y de mediocres. Muchos
periodistas de aquel entonces resultaron mitómanos incurables, y
muchos periodistas de ahora se preocupan por ser nobles y rigurosos, y
por cuidar el sustantivo y el verbo, a pesar del enorme vacío de la
época. Pero haciendo estas salvedades, cuánta modestia y cuánto
conocimiento, y cuánta autocrítica debemos cruzar todavía.
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